¿Hasta cuando negar evidencias?
¿Hasta dónde somos fantasía?
Sus labios de fresa
La perdieron en su risa.
En un baño de discoteca, con olor a principios de desmadre, se habían metido.
En una de las cabinas en que se piensa: 《vaya ciego llevo》 cuando una entra a solas, se miraban inquietas. Cada una en una pared opuesta a la otra, esperando lo inevitable durante unos diez segundos eternos.
Los fuegos súbitos...
Descolocaron sus templanzas
y destempladas por el vicio
Y la carne que llamaba,
Se fueron a abatir
Atacando en llamaradas.
Una cedía, otra se dejaba.
Una arrepentía
su alma condenada
Otra le decía
muy tranquila , sin tocarla,
Niégalo otra vez
Desgarrándome tu espada.
Hubo silencio
Y tornándose a mirarla
Por el lado derecho
Le hablaba
Susurrando levemente
Pero no en voz apagada:
No eres mía pero sabes
Que me tienes torturada
Y te torturas a ti misma
Cuando no eres clara.
Tienes que romper la liga
Cómo las recién casadas.
Pero no será esta noche,
Que te veo alocada,
Sí el destino no me falla
Seré tuya entre tus mantas.
Y se marchó del lugar
Donde todo se quedaba
En plenitud de liviandad
Y de alas de esperanza.
Allí quedó una sola,
Quedó como si nada,
Y volviéndo en sí salió
Para no ser preguntada.
No hay fin en esta historia
Ni creo que lo haya
Pero la habitación demora
Lo que sigue en mis entrañas.