viernes, 18 de diciembre de 2015

Sobre el amor

Mientras iba sentada, llegó a sentir que el amor es un rayo de color y energía que se proyectan entre las miradas mutuas. Algunas conectan, otras se repelen. Cuando miramos mucho a unos ojos que no contactan con los nuestros, pienso que se hace de nuestro propio tiempo una pérdida. Hay quien usa conectores, que fuerza la maravilla espontánea que es el surgimiento del amor y terminan frustrados por tanto esfuerzo que solo da conexiones temporales porque mientras uno fuerza la conexión con el corazón,  los ojos de esa persona siguen mirando quizá sin buscar nada, sólo observando hasta que les estremece una verdadera unión.
Será inevitable buscar culpables pero, muchas veces, aquello con lo que vamos conectando no está puramente vivo aunque sea vida para quién se refleja de todo ello y estos aspectos no vivos preparan a los inseguros, desconfiados para el próximo nivel. La interiorización de los gustos y preferencias de cada persona es importante para llegar a fundir las almas necesarias para sentir completada la unión.
La fluidez de las conexiones depende de si se complementan o fluyen variables o estáticas al mismo tiempo.
Yo quisiera formar un arco iris en la conexión, que fluya como fluyen mi amor por el verso y la palabra y que sea volátil cada color que es a su vez cada momento feliz y triste de la vida, porque esperar una eterna luz rosada, dorada sería no poder bajar y sentir como todo se degrada pero también no ver nacer y crecer la excelencia de los grandes momentos.
Y este sistema de putrefacción y regeneramiento es tan interno y constante en la naturaleza que habría de ser inhumana para no seguir su ciclo.